Encadenan más de un año natural sin vencer -desde aquella magnífica victoria de Carlos Sainz en la Ciudad de México-, en 2025 sus casi 100 millones de euros en sueldos para los pilotos no se trasladaron en más que una pole (de Charles Leclerc en Hungría) y el triunfo al sprint de Lewis Hamilton en China. Ferrari no vive, a todas luces, un buen momento, pero se agarra a una revolución de 2026 que parece haberles sentado bien. En Bahréin son referencia y todo apunta a que el trabajo en el nuevo SF-26 da buenos resultados en la pretemporada.
El regreso de la acción en Bahréin sirvió para constatar que el coche tiene margen de progresión. Desde Maranello presentaban novedades el motor, caja de cambios y varios ajustes aerodinámicos. Y al primera sensación fue inmejorable, con un SF-26 ágil, sin fallar en la tracción y disparando a Leclerc al frente por la mañana. Marcó un 1:33.739 en 70 giros a Bahréin. Hasta el giro de Piastri, con poco más de dos horas de entrenamiento, del 33.4 nadie se acercó.
Hamilton es optimista
El coche tiene, literalmente, mi ADN allí. Estoy mucho más unido
Y no sólo están los tiempos de Leclerc, Lewis Hamilton sumó optimismo. Su versión más emocionada desde que llegó a Ferrari, quizá que desde su presentación frente a la casa de Enzo Ferrari no se le veía tan radiante. Y fue claro. "El rendimiento del coche me emociona. Trabajar con estos coches de nueva generación es una experiencia muy diferente y tratas de solucionar cada problema casi en tiempo real", explicó en sala de prensa.
El fin al efecto suelo e inicio de una nueva era ya mejoraba a Hamilton con poco en pista. Y si Ferrari da margen a sus pilotos, más todavía. El británico está cómodo y siente que el SF-26 sí que es su coche. "El año pasado tuve que competir con un coche que estaba basado en alguien diferente. Pero este coche sí es uno que he desarrollado personalmente en el simulador durante 8 o 10 meses", reconoció. Su 2025 fue un curso para olvidar y en el equipo italiano vieron el paso del metódico y analítico Carlos Sainz a un Hamilton que jamás entendió cómo dejar su huella.
Aunque en 2026 la tiene... según cuenta: "El coche tiene, literalmente, mi ADN allí. Estoy mucho más unido", cerró el británico. Australia es la que dirá, pero todo apunta a que en Maranello tienen licencia para soñar con un título que no ven en sus vitrinas desde el polémico 2007 de Kimi Raikkonen ante la guerra civil en McLaren.

