Modric paga la primera Copa

Ancelotti ya tiene su primer título de su segunda etapa, el de menor tamaño, pero por algún lado hay que empezar. El Madrid salió supercampeón de Arabia sin desenfundar a Vinicius ni Benzema, con un juego más inteligente que bonito, con el pulsómetro en la mano, como recomienda la edad de sus jugadores principales. El más importante, Modric, un MVP que rejuvenece cada día mejor. El equipo de Ancelotti supo adaptarse al partido de baja actividad que le propuso el Athletic para demostrar que también en ese terreno, en el que se piensa mucho y se corre poco, es mejor equipo.

Hace falta mucho combustible para jugar en el Athletic, cuyo plan deja exhausto desde el primer vistazo. Coge la mochila para irse a presionar al área adversaria y si no cuela (el Madrid tiene centrocampistas muy expertos en saltar todo tipo de fronteras), se repliega a toda mecha en operación acordeón para achicar espacios. Y cuando roba atrás, suelta otra vez a los galgos. Y así una y otra vez. La cosa anda entre apretar el culo atrás y estirar las piernas delante. Una paliza no siempre bien pagada. La endogamia autoimpuesta que reduce al mínimo su mercado le obliga a ese juego extremo. También San Mamés, aunque a 6.000 kilómetros de La Catedral y con Arabia vestida exageradamente de blanco cuesta más. Se demostró en Riad.

Con todo, paró la primera acometida del Madrid, obligado por la historia, pasada y reciente, a ocupar el centro del escenario. Marcelino sacrificó a Nico Williams para que Berenguer doblase, con De Marcos, la vigilancia sobre Vinicius. El flanco derecho no quedó tan protegido y por ahí se coló Rodrygo, el último en llegar y que presume que está ante una gran oportunidad. Sus condiciones están muy por encima de su atrevimiento, pero tuvo uno de sus días más proactivos. No anda lejos de Vinicius en velocidad, pero le tiene más miedo a meter la pata. No todos son capaces de aguantar tan bien las tormentas del día después.

Siempre Modric

El Madrid fue lo que dice la Liga en tres cuartos de campo: no cayó en emboscadas, minimizó pérdidas, abrió bien el juego y le dio cierto aire a la circulación. El último tramo fue otra cosa. Reconozcamos que no hay nada más difícil en el fútbol que abrir una caja fuerte, pero al equipo le ha cogido falto de costumbre. Lleva demasiado partidos corriendo y le cuesta pararse a pensar.

Todas sus primeras ocasiones tuvieron un tono menor: un disparo lejano de Benzema, un cabezazo forzadísimo de Militao tras salida a por uvas de Unai Simón, y dos intentos sin verdadero peligro de Casemiro, resueltos ambos fotogénicamente por el meta del Athletic. Unai Simón es un portero cambiante, con paradas imposibles o errores como el de semifinales, en que el cabezazo de João Félix corrió tan lento que puede hablarse de un gol a plazos.

Modric celebra su gol.

El equipo de Marcelino no llegó a tanto. Desactivado Muniain por Lucas Vázquez, buscó a Iñaki Williams, al que pagan a una miseria el kilómetro recorrido, y le prestó poco auxilio. Demasiado trabajo para un solo futbolista, por muy tragamillas que sea. El resto se aplicó en la resistencia a la espera de que el balón parado fuese su ángel de la guarda. Sucedió lo contrario. En plena encalmada Rodrygo trazó una diagonal desde la derecha, se llevó pegados a cuatro jugadores del Athletic y acabó abriéndole un hueco a Modric, que metió una rosca de derecha imparable. Dos remates similares, aunque con la izquierda, los mandó al larguero ante Getafe y Valencia. Esta vez le bastó con corregir medio metro el punto de mira. El mismo medio metro que, a la baja, le hubiera dado el empate a Sancet, otro con pies de bailarín en el área. Ahí tiene el Athletic delantero para años.

Benzema, la bestia negra

Anulado el plan A, Marcelino no esperó para activar el B: juntar a los Williams, apellido de sagas. Antes de probar la efectividad del cambio el Madrid había doblado su ventaja. Yeray abrió en exceso los brazos para interceptar un remate de Benzema. Se le escapó a Soto, pero le pilló el VAR. El francés agrandó su condición de ogro del Athletic con una perfecta transformación del penalti. El Athletic había reclamado otro en la primera mitad, pero Alaba tenía la mano apoyada en el suelo, causa de exención por vía reglamentaria.

Benzema transformó así el penalti que supuso el 0-2.

El 0-2 obligó a una segunda sacudida del Athletic, con tres cambios más. Uno de ellos, Raúl García, que tiene al Madrid entre ceja y ceja. Un par de ocasiones, la mejor un remate del navarro, advirtieron a Ancelotti de que aún quedaba algo por hacer y bajó aún más el volumen del partido, con Valverde en lugar de Rodrygo. Luego entraría Marcelo, para celebrar sobre el campo su título número 23. No tendrá mejor partido homenaje.

Así le paró Courtois el penalti a Raúl García.

El Athletic estuvo digno hasta el final. Vencido y agotado, obligó al Madrid a ganarse la Copa hasta el último suspiro. Mandó balones al área, ese territorio en el que hace tiempo que no están Urzaiz ni Aduriz, a mayor gloria de Militao y Alaba. También forzó córners, aquellos que sonaron a música celestial ante el Atlético, y falló un penalti (con el bono de la roja a Militao, por una mano tan clara como la de Yeray), detenido con un pie de oro por Courtois a Raúl García. Y ya solo sonó una balada triste de trompeta.

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