El Atleti sueña aún más alto

El Atleti es como un balón, ese trozo de cuero lleno de golpes que siempre corre hacia delante. Su meta es la red, la emoción, lo imposible, y da igual qué se entrometa. El Teatro de los Sueños, los rivales, los Cristianos Ronaldos. Siempre llega. Es su destino. El de un Atleti que volvió a hacerlo fútbol para alcanzar los cuartos de esta Champions ante el United.

Un United que quiso embadurnar enseguida de red esta vuelta. Pogba y Rashford comparecían con Rangnick en el banquillo. Al verde, Elanga, héroe en la ida. El United quería el balón con un Cristiano que se movía por todo el frente de ataque enseñando los dientes. Clac, clac, clac. El Atleti se guarecía, un Atleti que era el mismo que el del viernes, salvo Lodi por Carrasco. Es decir, con Giménez; es decir, con Koke. Todos fueron un homenaje al escudo, a la resistencia. Desde la primera pelota, y con el cuerpo lleno de memoria, con heridas de Cristiano tantas noches como ésta, salió el Atleti a protegerse: defender fiero y atacar decidido. Elanga, letal cuando arañaba un espacio, se llevaba por delante a Oblak a ir a cabecear un balón al segundo minuto. Los centros laterales eran su plan. Poco más tarde lo volvía a escenificar: Cristiano, indetectable de aquí para allá, enviaba otro centro lateral para que Elanga se topara con la frente eslovena. El partido acababa de empezar pero el hombre del 13 a la espalda levantaba su puño al Teatro de los Sueños. El Atleti esta noche eran doce. Once hombres y sus guantes milagro.

Respondió a lo segundo de inmediato De Paul, en la primera jugada en la que los rojiblancos dieron más de dos pases seguidos y salieron de su campo: zapatazo a la escuadra que sacó De Gea con la punta del dedo. El argentino se prendía los galones en la noche, el United no soltaba el balón, Fred-McTominay, pivote insuperable. Savic, Giménez y Reinildo tenían trabajo pero estaban bien plantados, como los guantes de Jan. La segunda vez que los rojiblancos encadenaron más de dos pases seguidos, el balón terminó en la red de De Gea. Los galones de De Paul brillando de nuevo. Los pies de Koke lo hacían al suelo, girando el juego. Sus balones estallaban la presión roja, encontraban las grietas. Como ese que envió a Llorente, magistral al hueco, y que João pateó a la red. Pero bandera al aire: fuera de juego. El 0-0 volvía al marcador. Pero la senda de los alemanes estaba abierta.

La tercera vez que el Atleti dio dos pases seguidos el 0-1 ya no se movió. La jugada, casi un calco. Rapidísima. En ocho toques. De Paul de primeras al espacio, taconazo de João para Griezmann. El francés, también de primeras, buscó el remate de cabeza de aquel que llegaba solo ante De Gea: Lodi Nazario. Gol. El Teatro de los Sueños silenciado. El United se iba al descanso con Oblak alzando de nuevo los guantes ante Bruno Fernandes.

De la caseta el United volvió con prisa. El Atleti cementaba líneas de pase con un Griezmann en modo Griezmann. Ningún futbolista como él lleva a la hierba la pizarra del Cholo. Eficaz en la ayuda, incansable en el trabajo, con sus pinceladas de genio. Por esto volvió, para esto. El United se refugiaba en el balón pero sin peligro, solo un trampantojo. Los rojiblancos se metían en la cueva y no eran capaces los ingleses de encontrarles una grieta, un hueco. Sancho voleaba alto, de pura impotencia, apagado por Llorente. Mientras, el Atleti, a lo suyo, robo y estampida. En cuatro toques lanzados hacia De Gea. En un hermoso ejercicio coral.

Rangnick enviaba a Pogba y Ranshford al campo junto a Matic. El tictac del reloj tiraba de los músculos ingleses. Los últimos quince minutos, también con Cavani, fueron un no dejar de llover centros laterales sobre Oblak. Pero Oblak seguía a lo suyo: mano dura ante Varane, parada a Cristiano. Simeone miraba de reojo un reloj que iba lento, lentísimo, insoportable. Su primer cambio, en el 80', fue obligado: Koke, cojo. El ácido láctico mordía las piernas pero los héroes del Cholo resistían, tomando oxígeno en cada falta recibida. La última pelota fue un córner que subió a rematar hasta De Gea y que se quedó, cómo no, en los guantes de Oblak, para no faltar en la foto final. Ese balón llamado Atleti que, en nada, se echará de nuevo al verde, hacia delante. Por la senda del Cholo, la de los alemanes. Con su piel de Mikasa.

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