"Doncic rompe los estereotipos físicos de los estadounidenses"

Luka Doncic, pocos los dudan aunque tiene solo (todavía) 22 años, es un genio del baloncesto. Entre otras cosas, porque su misma constitución desafía la norma de las súper estrellas actuales. Es un base con cuerpo de alero (2,01 y 104 kilos), un jugador total que no destaca ni por su velocidad ni por su explosividad sino, muchas veces, precisamente por todo lo contrario. Corpulento y sin la escultural definición muscular que parece infaltable en la actual NBA, son ya recurrentes los debates sobre su peso y, todavía más, el asombro con el que analistas y aficionados ven como pliega las leyes de la física a su antojo, convierte en virtudes lo que deberían ser deficiencias; mete los partidos en su ritmo y acumula golpes y minutos en un ritmo que dejaría a otros tronchados.

La pasada temporada, su tercera en la NBA, jugó 2.262 minutos. Solo catorce jugadores sumaron más… pero solo dos lo hicieron con menos partidos que él. Eso arroja una media altísima: 34,3 por noche, disparados en playoffs hasta los 40,1. Y con un usage (la carga de responsabilidad como piedra angular del ataque) totalmente exagerado: 35% en regular season y 39,1% en playoffs. Más que ninguna otra estrella. La traducción es sencilla. Luka Doncic (Rookie del Año, dos veces all star, dos en el Mejor Quinteto con solo 22 años) juega en formato maratón, por tiempo en cancha y sobre todo por responsabilidad. Apenas se sienta y, para colmo, nunca delega responsabilidades cuando está en la pista.

La temporada pasada, otra vez triunfal en lo individual, Doncic sufrió, como toda la NBA, los rigores de los comprimidos calendarios de pandemia, y acabó el curso con una agotadora eliminatoria a siete partidos, contra los Clippers (su verdugo en las dos eliminatorias que ha jugado en la NBA). Su temporada con los Mavericks terminó el 6 de junio… justo cuando comenzó su tramo con Eslovenia. Un esprint extenuante en el que ganó un Preolímpico y metió a su selección en unos Juegos por primera vez y en el que rozó, ya en Tokio, la medalla. Y entonces, casi sin tiempo para asimilar su primera experiencia olímpica, se encontró con la preparación de su cuarta temporada en la NBA.

Un reto. Unos meses de máxima exigencia en un trance para su cuerpo que Doncic gestionó y preparó con Anze Macek, un esloveno de 30 años que es cofundador de 2A Sports Lab, centro que trabaja desde 2014 en la preparación y puesta a punto de deportistas: entrenamientos, rehabilitación… Macek habla con AS de un verano loco, de la planificación y las sesiones agotadoras durante unas semanas en las que ha sido la sombra, el profe, de uno de los mejores jugadores de baloncesto del mundo.

Primero, y a modo de presentación. ¿Quién es Anze Macek y qué es el 2A Sports Lab?

Por formación académica, soy un kinesiólogo. Y soy además el cofundador del 2A Sports Lab en Eslovenia. Un lugar donde nos dedicamos a la preparación física de los deportistas, a tratamientos de rehabilitación, a estudiar la ciencia del deporte…

A través de su vínculo con la selección eslovena de baloncesto comenzó a trabajar con la otra gran estrella del país, Goran Dragic. Y así fue como acabó entrando en contacto con Luka Doncic, ¿verdad?

Sí, fue más o menos como dices, pero empezamos a trabajar con Goran antes de empezar a hacerlo con la selección, en 2016. Después, en 2018, pasé a ser uno de los preparadores físicos de la selección. Y este verano ha sido el primero en el que he trabajado también con Luka Doncic como entrenador personal.

Un verano que era un gran reto para él. Después de dos temporadas muy duras en la NBA, con muchos partidos y el calendario comprimido por la pandemia, se enfrentó nada más terminar los playoffs al Preolímpico, a los Juegos de Tokio… ¿Cómo lo afrontaron?

Fue una locura. Ya sabes lo dura que es de por si una temporada NBA para un jugador. Y si hablamos de Luka es más complicado todavía porque pasa más tiempo que la media en la cancha y los rivales se concentran totalmente en él y en su juego. Llegó una semana después del último partido de la serie de playoffs contra los Clippers y nos pusimos a trabajar inmediatamente. Primero con cargas de trabajo muy ligeras. Queríamos que se recuperara, pero también que llegara en un estado óptimo al partido clave del Preolímpico, el último contra Lituania, que era crucial para nosotros. Y salió muy bien, Luka se salió en ese partido y metió a Eslovenia en los Juegos por primera vez en su historia.

Pero en realidad esa era solo la primera parte del camino…

Claro, a la mañana siguiente nos dimos cuenta que había unos Juegos Olímpicos que preparar. Nos cogimos todos unos días libres y luego empezamos un nuevo ciclo de trabajo. Nos concentramos, ya en Japón, en Osaka unos días antes de instalarnos en la Villa Olímpica. Allí lo teníamos todo para trabajar de maravilla, con, además, un gran equipo técnico y médico que sabía cómo colocar todas las piezas del puzle y preparar al equipo para los Juegos.

Y justo al final, en los partidos de la lucha definitiva por las medallas, el equipo y Luka parecieron ya muy cansados, extenuados por ese recorrido desde el Preolímpico. Una pena pero también algo comprensible.

Estábamos agotados, sí. Ningún otro equipo de los que llegaron a semifinales había jugado tantos partidos como nosotros, habíamos empezado la preparación un mes antes. Y tuvimos muchos partidos muy duros, muy físicos: Argentina, Japón, España, Alemania… Pero nos sostuvo la excepcional química que tenía el grupo. Y llegó la semifinal, y perdimos por un punto con Francia. Ahí estaba la final y la medalla asegurada. Después de ese palo, no sacamos fuerzas para hacer un buen partido en la lucha por el bronce. Estábamos emocionalmente drenados.

Y después de todo ese trance, usted se puso con Luka Doncic a preparar la nueva temporada con Dallas Mavericks. Según he leído, con seis días de trabajo duro a la semana.

Luka se fue de vacaciones, entre diez y catorce días. Y después de eso, empezamos con un plan de trabajo de tres semanas con la mente puesta en el training camp de Dallas Mavericks. Sí, trabajábamos seis días a la semana en el gimnasio. Y las dos últimas semanas, por las tardes entrenaba también en la cancha de baloncesto.

¿Y cómo fueron esas semanas de trabajo intenso? ¿Cómo se pone en forma a un jugador como Doncic?

Por los plazos que manejábamos, no había tiempo de hacer nada especial, teníamos que ir a lo básico. Tenía que llegar en forma al inicio del training camp, en Dallas. Las dos primeras semanas pusimos más énfasis en la fuerza y la resistencia, con muchos ejercicios de agilidad. En la última nos centramos más en potencia, ejercicios de intervalos e intensidad muy alta. Con Luka hay una cosa básica, y no es ningún secreto, que tienes que saber antes de ponerte en marcha con él. Y es la competición. Tienes que convertir los entrenamientos en una competición, todos los ejercicios. Siempre quiere ganar. Si consigues crear ese clima de competición cuando va a entrenar, has ganado. Lo exprimirá al máximo y lograrás los objetivos que te habías marcado para su preparación.

Entre unas cosas y otras, no ha tenido apenas vacaciones. ¿Es algo que le puede afectar a medida que avance la temporada y acumule partidos y minutos en las piernas?

Luka es muy joven todavía. Su cuerpo se recupera y se regenera más rápido. Está muy ilusionado con el inicio de la nueva temporada. Es un competidor, un luchador. Creo que si no hay otros factores que aumenten el riesgo de lesión, no va a haber nada de qué preocuparse.

Desde el punto de físico, ¿cómo es Luka Doncic?

Su fuerza está fuera de categoría. Tienes unas piernas fortísimas y su centro de gravedad es muy bajo así que cuando gana su posición es muy difícil moverlo. También tiene mucha fuerza excéntrica, lo que le permite, a él y a otros jugadores de sus características, desacelerar y romper el ritmo de sus defensores.

No es el más rápido ni el más explosivo ni tiene seguramente un perfil físico como el de otras súper estrellas de la NBA…

Sí, exacto. Y por eso mismo rompe todos los estereotipos que los estadounidenses tienen sobre como tiene que ser el físico ideal de un jugador profesional de baloncesto.

Es más corpulento que otros jugadores, y de hecho a veces se debate sobre su peso. ¿Es legítimo que se haga?

A mí no me parece algo relevante. Mientras él pueda jugar al nivel que lo hace, nadie le puede echar nada en cara. Lo importante es que él sabe que las cosas serán más difíciles cada temporada, cada año que pase, que cada vez va a tener que poner más esfuerzo y atención en cuidar su cuerpo. Esa será la forma de tener muchas temporadas de éxito por delante.

Ha trabajado con Goran Dragic cuando formaba parte de la plantilla de Miami Heat. La franquicia de la llamada 'heat culture', una tradición de máxima exigencia física, cuidado de todos los detalles, maximización de los jugadores… ¿Cómo fue trabajar con ellos? ¿Son tan meticulosos como se dice?

Sí, así es. Para mí ha sido una suerte haber vivido y haber formado parte de esa heat culture, esa cultura del trabajo que tienen en la franquicia. Son muy agradables, muy abiertos, se trabaja muy bien con ellos, siempre me sentí muy bien recibido e hice buenos amigos. Y aprendí muchísimo. Ellos también vinieron a Eslovenia cuando estaba aquí Goran Dragic trabajando conmigo para echar un vistazo. Los tres conceptos que definen a Miami Heat son disciplina, cultura y trabajo duro. Los jugadores se esfuerzan de forma extraordinaria, pasan mucho tiempo cuidado su condición física, entrenando en el gimnasio. Cada lunes se pesan todos, miden el porcentaje de grasa corporal. Cada jugador tiene sus objetivos personalizados y a partir de ahí hay muchas más reglas y normas. Muchísimas (risas). Así que sí, esa CULTURA de Miami Heat es muy real.

¿Sigue siendo muy distinta la forma de trabajar de las franquicias NBA con respecto a los equipos europeos?

Ahora ya la mayoría de clubes europeos siguen sistemas similares a los de la NBA. Se puede comparar sin problemas los mejores equipos de aquí con los allí en ese sentido. No tenemos menos conocimientos que ellos, a veces de hecho tenemos más. Pero sigue habiendo también algunas diferencias. La principal es que tienen mucho más personal encargado del cuidado de los jugadores: más entrenadores, fisios, médicos, nutricionistas, cocineros… Tienen los mejores medios posibles y siempre están pendientes de mejorar en todo.

¿Cuál es la razón de que Eslovenia, un país de 2,1 millones de habitantes, produzca tal cantidad de talento para las canchas de baloncesto?

Ya no es solo el baloncesto. Tenemos una generación dorada de deportistas. En muchas disciplinas: ciclismo, escalada, voleibol, esquí… Eslovenia es muy país pequeño pero con mucha diversidad. Creo que la clave es nuestra cultura. Somos un pueblo muy trabajador, que no se rinde bajo ningún concepto, para el que no hay mayor motivación que demostrarnos a nosotros mismos de lo que somos capaces. Somos competitivos, queremos ganar siempre y crecemos con el deporte alrededor. Nuestros colegios tienen muy buenos programas de apoyo a equipos, disciplinas deportivas, organizaciones, federaciones… todos van de la mano aquí.

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